Autor: torodigital -
Almenara celebró este viernes 2 de octubre de 2026 uno de los días más esperados de sus fiestas patronales en honor a la Mare de Déu del Bon Succés: el Día de Peñas, una jornada marcada por la afición, la tradición y dos toros que ofrecieron matices muy distintos en la plaza Moli d’Arros. El festejo lo abrió un toro castaño de la ganadería Jesús Ramos, patrocinado por la Asociación Cultural Taurina El Morrillo. Un ejemplar cuajado, alto de cruz, basto de hechuras y acapachado de cuerna, que llamaba la atención por su seriedad y por esos siete años largos que le daban presencia y experiencia. Desde su salida mostró un comportamiento honesto y defensivo, siempre dando la cara. Embistió con un tranco dulce, sin brusquedades, y con un celo que aportó ese punto de interés que agradece el aficionado. Sin ser un toro de grandes alardes, sí dejó una lidia correcta, noble y sostenida, permitiendo a los rodadores medirlo y lucirse en varios embroques. El segundo toro de la tarde llegó con un componente histórico. Patrocinado por la Peña Joventut Taurina, el astado entró al cajón a la antigua usanza, mediante tracción equina, un gesto que despertó emoción y respeto en la plaza. No era para menos: hacía más de 40 años que no se exhibía en Almenara un toro de la prestigiosa ganadería de Victorino Martín. El ejemplar, cárdeno oscuro, muy bien presentado y fiel al prototipo de la casa, salió con esa expresión seria y ese comportamiento tan característico de la línea. Muy requedado, pegado al suelo, transmitía desde el primer instante que no iba a regalar nada. Mostró mucho sentido y genio, midiendo, pensando y respondiendo con intención a cada cite. No fue un toro fácil, pero sí de los que llenan la plaza de emoción, obligando a los mozos a estar muy firmes y a respetar sus terrenos. Su lidia tuvo momentos de tensión y de autenticidad, dejando claro por qué el hierro de Victorino sigue siendo referencia en el mundo del toro.

Almenara celebró este viernes 2 de octubre de 2026 uno de los días más esperados de sus fiestas patronales en honor a la Mare de Déu del Bon Succés: el Día de Peñas, una jornada marcada por la afición, la tradición y dos toros que ofrecieron matices muy distintos en la plaza Moli d’Arros. El festejo lo abrió un toro castaño de la ganadería Jesús Ramos, patrocinado por la Asociación Cultural Taurina El Morrillo. Un ejemplar cuajado, alto de cruz, basto de hechuras y acapachado de cuerna, que llamaba la atención por su seriedad y por esos siete años largos que le daban presencia y experiencia. Desde su salida mostró un comportamiento honesto y defensivo, siempre dando la cara. Embistió con un tranco dulce, sin brusquedades, y con un celo que aportó ese punto de interés que agradece el aficionado. Sin ser un toro de grandes alardes, sí dejó una lidia correcta, noble y sostenida, permitiendo a los rodadores medirlo y lucirse en varios embroques. El segundo toro de la tarde llegó con un componente histórico. Patrocinado por la Peña Joventut Taurina, el astado entró al cajón a la antigua usanza, mediante tracción equina, un gesto que despertó emoción y respeto en la plaza. No era para menos: hacía más de 40 años que no se exhibía en Almenara un toro de la prestigiosa ganadería de Victorino Martín. El ejemplar, cárdeno oscuro, muy bien presentado y fiel al prototipo de la casa, salió con esa expresión seria y ese comportamiento tan característico de la línea. Muy requedado, pegado al suelo, transmitía desde el primer instante que no iba a regalar nada. Mostró mucho sentido y genio, midiendo, pensando y respondiendo con intención a cada cite. No fue un toro fácil, pero sí de los que llenan la plaza de emoción, obligando a los mozos a estar muy firmes y a respetar sus terrenos. Su lidia tuvo momentos de tensión y de autenticidad, dejando claro por qué el hierro de Victorino sigue siendo referencia en el mundo del toro.