Autor: torodigital -
Las fiestas de San Francisco 2026 en la Vall d’Uixó arrancaron con un componente histórico que merecía ser subrayado. No se trataba de un toro más. La presencia del primer ejemplar de Adolfo Martín en estas celebraciones llegaba tras más de una década de ausencia voluntaria del hierro, motivada por la deuda pendiente que quedó tras el encierro de Les Penyes en Festes de 2015. Desde entonces, el ganadero había mantenido firme su decisión de no volver a lidiar en la capital del toro. Sin embargo, San Francisco se convirtió en la excepción, y además con un gesto que trascendió lo taurino, por expreso deseo de Don Adolfo, el importe del toro fue destinado íntegramente a una asociación benéfica local. La Comisión de Fiestas eligió a Talentos Invisibles como entidad beneficiaria. Con este trasfondo, el número 57, guarismo 1, abrió el cartel de las fiestas. Un toro en el tipo clásico de Albaserrada, cárdeno, cornivuelto, astifino por el pitón derecho y astigordo por el izquierdo. Nada más salir, se giró hacia la derecha y se lanzó con violencia contra la barrera, partiendo el primer palo. El impacto provocó un notable sobresalto entre el público situado detrás, y la platina metálica obligatoria por decreto en los dos primeros palos evitó males mayores, aunque quedó doblada y parte de la madera colgando, dejando incluso un hueco visible. Fue, sin duda, el momento más destacado de la tarde. En el resto de su exhibición, el toro se mostró muy pegado al suelo, con escasa entrega y sin dejar demasiados argumentos para el recuerdo. Por la noche se emboló el número 2, guarismo 8, de Cortijoliva. Un burraco grande, serio y de los que llenan el pilón desde la salida. En los primeros compases pareció apuntar algo más, pero pronto se aplomó y terminó defendiéndose, sin ofrecer opciones ni dejar detalles reseñables.

Las fiestas de San Francisco 2026 en la Vall d’Uixó arrancaron con un componente histórico que merecía ser subrayado. No se trataba de un toro más. La presencia del primer ejemplar de Adolfo Martín en estas celebraciones llegaba tras más de una década de ausencia voluntaria del hierro, motivada por la deuda pendiente que quedó tras el encierro de Les Penyes en Festes de 2015. Desde entonces, el ganadero había mantenido firme su decisión de no volver a lidiar en la capital del toro. Sin embargo, San Francisco se convirtió en la excepción, y además con un gesto que trascendió lo taurino, por expreso deseo de Don Adolfo, el importe del toro fue destinado íntegramente a una asociación benéfica local. La Comisión de Fiestas eligió a Talentos Invisibles como entidad beneficiaria. Con este trasfondo, el número 57, guarismo 1, abrió el cartel de las fiestas. Un toro en el tipo clásico de Albaserrada, cárdeno, cornivuelto, astifino por el pitón derecho y astigordo por el izquierdo. Nada más salir, se giró hacia la derecha y se lanzó con violencia contra la barrera, partiendo el primer palo. El impacto provocó un notable sobresalto entre el público situado detrás, y la platina metálica obligatoria por decreto en los dos primeros palos evitó males mayores, aunque quedó doblada y parte de la madera colgando, dejando incluso un hueco visible. Fue, sin duda, el momento más destacado de la tarde. En el resto de su exhibición, el toro se mostró muy pegado al suelo, con escasa entrega y sin dejar demasiados argumentos para el recuerdo. Por la noche se emboló el número 2, guarismo 8, de Cortijoliva. Un burraco grande, serio y de los que llenan el pilón desde la salida. En los primeros compases pareció apuntar algo más, pero pronto se aplomó y terminó defendiéndose, sin ofrecer opciones ni dejar detalles reseñables.