Autor: torodigital -
Este jueves 22 de octubre de 2026 continuaron los actos taurinos de la Fira d'Onda, en una jornada marcada por la presencia de cuatro hermanos de camada de la prestigiosa ganadería de La Quinta, patrocinados por el Ayuntamiento de Onda. La tarde arrancó con los astados protagonistas del primer encierro matinal de los tres previstos para la recta final de las fiestas, dando paso posteriormente a una interesante exhibición del encaste santacolomeño que tanto atrae a los aficionados. El primero de la tarde hizo su aparición desde el Raval, irrumpiendo en el recinto con una salida explosiva y gran velocidad. Durante los primeros compases mostró una acusada movilidad, embistiendo con determinación a cuanto encontraba a su paso y protagonizando vistosos remates. Sin embargo, conforme avanzó la lidia fue perdiendo intensidad, acusando el esfuerzo inicial y disminuyendo paulatinamente su codicia. Terminó recorriendo las calles de la Vila con un comportamiento más templado, aunque siempre atento a cuanto sucedía a su alrededor. El segundo ejemplar salió desde el Pla y dejó patente desde el primer instante una marcada personalidad. Con mucha viveza y chispa, buscó constantemente los barrotes y se mostró pendiente de cualquier movimiento. Fue un toro encastado, exigente y nada sencillo para los recortadores, logrando salir suelto de algunos embroques y obligando a los aficionados a medir muy bien las distancias. Aunque respondió con alegría a los cites, no terminó de emplearse con profundidad, alternando momentos de interés con otros en los que se desentendía de la acción, dejando una lidia tan variada como desigual. En tercer lugar apareció el tercero de la camada desde la U, protagonizando una salida llena de energía y acometiendo con fuerza contra los elementos del recorrido. Desde el inicio centró su atención en los remates a los palos y barrotes, ignorando prácticamente los cites de los recortadores que intentaban fijarlo. Su obsesión por los obstáculos resultó evidente durante toda su presencia en la calle. Tras dirigirse a la zona de los Arcos, el animal sufrió una lesión que obligó a su rápida retirada y posterior encierro, privando a los aficionados de comprobar el verdadero alcance de sus cualidades y del juego que podía haber ofrecido. Cerró la tarde el cuarto y último hermano de camada, que hizo su salida desde la Safona. En sus primeros compases se mostró más frío que sus hermanos, recorriendo las calles con ritmo pausado, observando a ambos lados y sin terminar de emplearse ni mostrar una fijeza clara en los cites. Durante buena parte de su lidia mantuvo esa línea de comportamiento, transitando por el recinto sin grandes alardes de entrega. Sin embargo, sería en el Raval donde el astado ofrecería sus mejores momentos. Allí, varios jóvenes aficionados consiguieron entender las condiciones del burel y protagonizaron una serie de muletazos de gran mérito. El toro respondió entonces con alegría, prontitud y una embestida mucho más franca, cambiando completamente la dinámica de su actuación. La conexión entre toro y toreros permitió ver pasajes de notable profundidad y buen gusto, arrancando los aplausos de un público entregado que abarrotaba el recinto. Con esta completa tarde de exhibición de los toros de La Quinta, la Fira d'Onda volvió a demostrar el excelente momento que atraviesa, reuniendo a miles de aficionados llegados desde distintos puntos de España y consolidándose, año tras año, como una de las citas más destacadas y reconocidas del calendario taurino popular.

Este jueves 22 de octubre de 2026 continuaron los actos taurinos de la Fira d'Onda, en una jornada marcada por la presencia de cuatro hermanos de camada de la prestigiosa ganadería de La Quinta, patrocinados por el Ayuntamiento de Onda. La tarde arrancó con los astados protagonistas del primer encierro matinal de los tres previstos para la recta final de las fiestas, dando paso posteriormente a una interesante exhibición del encaste santacolomeño que tanto atrae a los aficionados. El primero de la tarde hizo su aparición desde el Raval, irrumpiendo en el recinto con una salida explosiva y gran velocidad. Durante los primeros compases mostró una acusada movilidad, embistiendo con determinación a cuanto encontraba a su paso y protagonizando vistosos remates. Sin embargo, conforme avanzó la lidia fue perdiendo intensidad, acusando el esfuerzo inicial y disminuyendo paulatinamente su codicia. Terminó recorriendo las calles de la Vila con un comportamiento más templado, aunque siempre atento a cuanto sucedía a su alrededor. El segundo ejemplar salió desde el Pla y dejó patente desde el primer instante una marcada personalidad. Con mucha viveza y chispa, buscó constantemente los barrotes y se mostró pendiente de cualquier movimiento. Fue un toro encastado, exigente y nada sencillo para los recortadores, logrando salir suelto de algunos embroques y obligando a los aficionados a medir muy bien las distancias. Aunque respondió con alegría a los cites, no terminó de emplearse con profundidad, alternando momentos de interés con otros en los que se desentendía de la acción, dejando una lidia tan variada como desigual. En tercer lugar apareció el tercero de la camada desde la U, protagonizando una salida llena de energía y acometiendo con fuerza contra los elementos del recorrido. Desde el inicio centró su atención en los remates a los palos y barrotes, ignorando prácticamente los cites de los recortadores que intentaban fijarlo. Su obsesión por los obstáculos resultó evidente durante toda su presencia en la calle. Tras dirigirse a la zona de los Arcos, el animal sufrió una lesión que obligó a su rápida retirada y posterior encierro, privando a los aficionados de comprobar el verdadero alcance de sus cualidades y del juego que podía haber ofrecido. Cerró la tarde el cuarto y último hermano de camada, que hizo su salida desde la Safona. En sus primeros compases se mostró más frío que sus hermanos, recorriendo las calles con ritmo pausado, observando a ambos lados y sin terminar de emplearse ni mostrar una fijeza clara en los cites. Durante buena parte de su lidia mantuvo esa línea de comportamiento, transitando por el recinto sin grandes alardes de entrega. Sin embargo, sería en el Raval donde el astado ofrecería sus mejores momentos. Allí, varios jóvenes aficionados consiguieron entender las condiciones del burel y protagonizaron una serie de muletazos de gran mérito. El toro respondió entonces con alegría, prontitud y una embestida mucho más franca, cambiando completamente la dinámica de su actuación. La conexión entre toro y toreros permitió ver pasajes de notable profundidad y buen gusto, arrancando los aplausos de un público entregado que abarrotaba el recinto. Con esta completa tarde de exhibición de los toros de La Quinta, la Fira d'Onda volvió a demostrar el excelente momento que atraviesa, reuniendo a miles de aficionados llegados desde distintos puntos de España y consolidándose, año tras año, como una de las citas más destacadas y reconocidas del calendario taurino popular.