Autor: torodigital -
El domingo 4 de octubre de 2026, fiel a la tradición, arrancaron las fiestas de la Pilarica en La Vall d'Uixó, que un año más congregaron al público en torno al emblemático recorrido. La jornada, sin embargo, quedó marcada por la escasa entrega de los dos astados reseñados, que apenas dejaron apuntes para el recuerdo. Abrió plaza el número 6, guarismo 2, de La Alqueva, un castaño, terciado, y de pitones cómodos. Su salida fue correcta, dejándose ver por el recinto con movilidad suficiente para cumplir, pero sin chispa ni intención de romper en ningún momento. El toro se desplazó sin maldad, sin apretar y sin mostrar ese punto de casta que enciende la tarde. Un ejemplar plano, sin transmisión, que pasó por la calle como quien cumple un trámite, dejando muy poco que destacar. En segundo lugar, llegó el turno de la Peña El Pilar, que presentó el número 21, guarismo 3, de José Luis Bertol. Otro toro terciado, escurrido de carnes, cuya salida confirmó desde el primer instante lo que sería su actuación: falta de ganas, falta de celo y falta de fondo. El animal salió parado, sin intención de tomar el mando del recorrido. Solo dejó un detalle aislado en un encuentro con un rodador, un gesto que pareció anunciar algo más, pero ahí quedó todo. El toro volvió a su comportamiento apático, sin entrega, sin continuidad y sin esa presencia que exige la calle. Otro ejemplar sin historia, que dejó la sensación de una oportunidad perdida.

El domingo 4 de octubre de 2026, fiel a la tradición, arrancaron las fiestas de la Pilarica en La Vall d'Uixó, que un año más congregaron al público en torno al emblemático recorrido. La jornada, sin embargo, quedó marcada por la escasa entrega de los dos astados reseñados, que apenas dejaron apuntes para el recuerdo. Abrió plaza el número 6, guarismo 2, de La Alqueva, un castaño, terciado, y de pitones cómodos. Su salida fue correcta, dejándose ver por el recinto con movilidad suficiente para cumplir, pero sin chispa ni intención de romper en ningún momento. El toro se desplazó sin maldad, sin apretar y sin mostrar ese punto de casta que enciende la tarde. Un ejemplar plano, sin transmisión, que pasó por la calle como quien cumple un trámite, dejando muy poco que destacar. En segundo lugar, llegó el turno de la Peña El Pilar, que presentó el número 21, guarismo 3, de José Luis Bertol. Otro toro terciado, escurrido de carnes, cuya salida confirmó desde el primer instante lo que sería su actuación: falta de ganas, falta de celo y falta de fondo. El animal salió parado, sin intención de tomar el mando del recorrido. Solo dejó un detalle aislado en un encuentro con un rodador, un gesto que pareció anunciar algo más, pero ahí quedó todo. El toro volvió a su comportamiento apático, sin entrega, sin continuidad y sin esa presencia que exige la calle. Otro ejemplar sin historia, que dejó la sensación de una oportunidad perdida.