Autor: torodigital -
Este miércoles 16 de septiembre de 2026 se retomaban en La Vilavella las exhibiciones taurinas tras el parón de tres días decretado por el luto oficial, motivado por el fallecimiento de un hombre en los festejos del sábado. Con la emoción contenida y el público expectante, arrancaba el único desafío ganadero programado para toda la semana, un hecho que ya marcaba la tarde con cierto sabor a escasez para el aficionado. El cartel reunía a dos ganaderías de estilos distintos. En primer lugar, los Hermanos Navarre abrían plaza con tres vacas y un toro. El corro, bien presentado, dejó detalles sueltos, pero sin llegar a romper en conjunto. Las vacas tocaron los obstáculos y se movieron con corrección, aunque sin ese punto de entrega que enciende la plaza. El toro, pese a su presencia, tampoco terminó de redondear una actuación que se quedó a medio camino, dejando la sensación de que el hierro turolense tenía más por mostrar. A continuación, llegó el turno de Laura Parejo, que presentó un lote más variado y con mayor contraste. La primera vaca no terminó de conectar con los rodadores ni de encontrar su ritmo en la plaza, pasando sin pena ni gloria. Sin embargo, la segunda de la tarde cambió por completo la dinámica, una vaca seria, firme en los obstáculos, que respondió con bravura en los quites y mantuvo la atención del público desde su salida hasta su encierro. Fue, sin duda, la mejor del desafío, ovacionada con fuerza al regresar a chiqueros. La tercera vaca mantuvo el tono ascendente, cumpliendo en los terrenos y aportando movilidad y presencia. Para cerrar la tarde, salió un toro cuajado de la ganadería de Parejo. Pese a su buena lámina, el animal no quiso emplearse, recorriendo el recinto sin fijeza y sin atender a los cites. Su falta de entrega terminó por enfriar el ambiente, dejando un final irregular para un desafío que había encontrado sus mejores momentos en las vacas. La jornada concluyó con una sensación dispar, algunos destellos de calidad, una vaca sobresaliente y un público que respondió con ganas, pero también la evidencia de que un solo desafío en toda la semana resulta insuficiente para una afición acostumbrada a la rivalidad ganadera y a la emoción de ver quién se alza como campeón. La corporación municipal ha dejado huérfanos de espectáculo a los seguidores de las vacas en La Vilavella, privando a la población de uno de los alicientes más característicos de sus fiestas.

Este miércoles 16 de septiembre de 2026 se retomaban en La Vilavella las exhibiciones taurinas tras el parón de tres días decretado por el luto oficial, motivado por el fallecimiento de un hombre en los festejos del sábado. Con la emoción contenida y el público expectante, arrancaba el único desafío ganadero programado para toda la semana, un hecho que ya marcaba la tarde con cierto sabor a escasez para el aficionado. El cartel reunía a dos ganaderías de estilos distintos. En primer lugar, los Hermanos Navarre abrían plaza con tres vacas y un toro. El corro, bien presentado, dejó detalles sueltos, pero sin llegar a romper en conjunto. Las vacas tocaron los obstáculos y se movieron con corrección, aunque sin ese punto de entrega que enciende la plaza. El toro, pese a su presencia, tampoco terminó de redondear una actuación que se quedó a medio camino, dejando la sensación de que el hierro turolense tenía más por mostrar. A continuación, llegó el turno de Laura Parejo, que presentó un lote más variado y con mayor contraste. La primera vaca no terminó de conectar con los rodadores ni de encontrar su ritmo en la plaza, pasando sin pena ni gloria. Sin embargo, la segunda de la tarde cambió por completo la dinámica, una vaca seria, firme en los obstáculos, que respondió con bravura en los quites y mantuvo la atención del público desde su salida hasta su encierro. Fue, sin duda, la mejor del desafío, ovacionada con fuerza al regresar a chiqueros. La tercera vaca mantuvo el tono ascendente, cumpliendo en los terrenos y aportando movilidad y presencia. Para cerrar la tarde, salió un toro cuajado de la ganadería de Parejo. Pese a su buena lámina, el animal no quiso emplearse, recorriendo el recinto sin fijeza y sin atender a los cites. Su falta de entrega terminó por enfriar el ambiente, dejando un final irregular para un desafío que había encontrado sus mejores momentos en las vacas. La jornada concluyó con una sensación dispar, algunos destellos de calidad, una vaca sobresaliente y un público que respondió con ganas, pero también la evidencia de que un solo desafío en toda la semana resulta insuficiente para una afición acostumbrada a la rivalidad ganadera y a la emoción de ver quién se alza como campeón. La corporación municipal ha dejado huérfanos de espectáculo a los seguidores de las vacas en La Vilavella, privando a la población de uno de los alicientes más característicos de sus fiestas.