Un certamen desdibujado: La II exhibición local de recortadores naufraga en La Vilavella

Autor: torodigital -
La tarde del jueves 17 de septiembre de 2026 estaba marcada en rojo en el calendario taurino de La Vilavella: se celebraba la II Exhibición de Recortadores Locales, un formato que en su primera edición dejó buen sabor de boca y que este año llegaba con la expectación de ver a los jóvenes de la población medirse de nuevo ante animales de la ganadería La Morada.

El certamen reunió cuatro grupos, tres equipos formados por tríos y un cuarto compuesto por dos recortadores. El primer grupo abrió la tarde con ímpetu, encontrando una vaca que, sin ser un derroche de bravura, sí permitió ver detalles estimables. Los mozos se mostraron firmes, templados y con criterio, destacando especialmente la actuación de “Mini”, que supo interpretar las embestidas con oficio y dejó los mejores recortes del día. Durante esos primeros minutos pareció que la exhibición podía tomar vuelo. Sin embargo, el espejismo duró poco. A partir del segundo grupo, la tarde se vino abajo de manera estrepitosa. Los animales de La Morada, muy por debajo de lo esperado, ofrecieron un comportamiento falto de raza, sin arrancada, sin ritmo y sin fuelle, vacas excesivamente placeadas que no respondían a los cites y que, en más de una ocasión, pusieron en aprietos innecesarios a los jóvenes recortadores. La exhibición, que debía ser una fiesta del recorte, se convirtió en una odisea tediosa, capaz de aburrir hasta al mismo demonio. A la falta de juego del ganado se sumó una organización deficiente, impropia de un evento oficial. La plaza nunca llegó a estar completamente cerrada para los participantes, vecinos y curiosos salían de los barrotes, cruzaban la arena y distraían a las vacas, generando situaciones de riesgo que podían haberse evitado con un mínimo de rigor. La comisión taurina, ausente durante toda la semana, volvió a brillar por su falta de presencia y autoridad, incapaz de ordenar el recinto ni de exigir respeto hacia los recortadores. El resultado fue un espectáculo desdibujado, con algún revolcón sin consecuencias, pero con la sensación constante de improvisación. Por momentos, aquello se asemejó más a una capea entre amigos que a una exhibición formal de recortes. El público, que abarrotaba los cadafales de arriba abajo y que había acudido con ilusión, terminó marchándose con un gesto de decepción. La tarde, llamada a consolidar el certamen local, dejó un sabor extraño y amargo, y evidenció que la II Exhibición de Recortadores en La Vilavella necesita más seriedad, más criterio y más respeto para estar a la altura de la afición del pueblo.