Burriana vive una segunda jornada taurina intensa y de contrastes

Autor: torodigital -
La tarde del domingo 6 de septiembre de 2026 acogía la segunda jornada taurina de las fiestas de Burriana, donde las distintas peñas tomaban el protagonismo con un cartel especialmente atractivo para el aficionado torista. El ambiente era inmejorable: calles abarrotadas, expectación en cada cadafal y ese murmullo característico que anuncia que la tarde puede traer emociones fuertes.

El festejo lo abrió un precioso ejemplar de Adolfo Martín, patrocinado por la Penya el Bou y Bou de France. El toro salió de los célebres toriles de Satine con paso pausado, midiendo el terreno y llegando a la plaza con ese aire de seriedad que caracteriza a la casa cacereña. Acudió pronto al mozo que lo esperaba, aunque se mostró frío y expectante, sin terminar de romper en los embroques. El animal recorrió varias veces la vila, dejando una lidia intermitente y un comportamiento algo irregular. En uno de esos tránsitos por las calles se produjo una cogida sin consecuencias, que no empañó la actuación del burel, aunque sí dejó la sensación de que el toro nunca terminó de entregarse del todo. En segundo lugar llegó el turno de la Penya el Tercio, que había apostado por un bonito ejemplar de Torrestrella, ganadería de renombre y prestigio. El burel salió rápido, metiéndose de inmediato en los primeros quites y enfilando con velocidad la calle Mayor, donde dio varias vueltas al recinto con notable movilidad. Sin embargo, el toro no acabó de centrarse en su lidia. Volvió a la plaza y allí mostró su mejor versión con arrancadas vivas, prontitud en los cites y cierta chispa en los embroques. Aun así, salía suelto de ellos, sin fijarse del todo en los recortadores ni consolidar una faena redonda. Un toro con condiciones, pero sin continuidad. Cerraba la tarde la Penya el Bou, que presentó un astado de la ganadería sevillana Marqués de Albaserrada. El toro irrumpió en el recinto con mucha chispa, rematando fuerte en los palos desde el primer instante y dejando un puntazo a un aficionado en una acción tan rápida como aparatosa. El animal mostró desde el inicio un comportamiento bravo y temperamental, yendo siempre con ímpetu a todo lo que se movía. Tras una salida vibrante, se marchó a la calle y regresó al albero, donde se vio su crecimiento y poderío. Remató con fuerza en los cadafales, aunque le costaba arrancar; pero cuando lo hacía, iba hasta el final con determinación. En uno de esos remates proporcionó otra cornada contra los palos, lo que obligó a encerrarlo con prontitud. Una pena, porque el toro estaba mostrando una evolución notable que no pudo completarse debido a los dos incidentes en las talanqueras, dejando un sabor agridulce entre los aficionados. La tarde concluyó con la plaza y las calles de Burriana completamente abarrotadas, en una jornada marcada por la expectación, la variedad en el comportamiento de los toros y tres sustos que recordaron la importancia y el riesgo inherente de la fiesta.