Autor: torodigital -
La jornada grande de las fiestas de Almedíjar llegó el viernes 14 de agosto de 2026, una fecha marcada en rojo por coincidir con el 30 aniversario de la Peña Taurina, que preparó un programa a la altura de la efeméride. La tarde arrancó con la exhibición de reses de Hermanos Bellés, que pusieron ambiente desde el primer momento con sus vacas y dos toros bien presentados. En la lidia y conducción participaron Mariete, de La Vall d’Uixó, junto a José y Borja, de Navajas, que se encargaron de dar vistosidad y ritmo al festejo, manteniendo al público metido en la tarde. Acto seguido llegó el instante más esperado por los aficionados: la desencajonada del toro cerril de Adolfo Martín, reseñado y patrocinado por la Peña Taurina para celebrar sus tres décadas de historia. El toro, terciado, bien hecho y muy bien armado, lucía el inconfundible cárdeno oscuro de la casa, una estampa que ya imponía respeto antes de tocar la calle. Desde que salió del cajón dejó claro que había que estar muy atento. Derrotó con fuerza en las rateras, se movió con agilidad y mostró una nobleza seria, de la que permite lucimiento, pero exige distancia, temple y criterio. No fue un toro de largo recorrido, pero sí de detalle y presencia constante, manteniendo al público pendiente de cada arrancada y cada gesto. Permaneció unos 15 minutos en las calles, tiempo suficiente para dejar su sello y para que los aficionados disfrutaran de un toro con comportamiento típico de la ganadería, movilidad, seriedad y ese punto de exigencia que tanto se valora en los festejos populares.

La jornada grande de las fiestas de Almedíjar llegó el viernes 14 de agosto de 2026, una fecha marcada en rojo por coincidir con el 30 aniversario de la Peña Taurina, que preparó un programa a la altura de la efeméride. La tarde arrancó con la exhibición de reses de Hermanos Bellés, que pusieron ambiente desde el primer momento con sus vacas y dos toros bien presentados. En la lidia y conducción participaron Mariete, de La Vall d’Uixó, junto a José y Borja, de Navajas, que se encargaron de dar vistosidad y ritmo al festejo, manteniendo al público metido en la tarde. Acto seguido llegó el instante más esperado por los aficionados: la desencajonada del toro cerril de Adolfo Martín, reseñado y patrocinado por la Peña Taurina para celebrar sus tres décadas de historia. El toro, terciado, bien hecho y muy bien armado, lucía el inconfundible cárdeno oscuro de la casa, una estampa que ya imponía respeto antes de tocar la calle. Desde que salió del cajón dejó claro que había que estar muy atento. Derrotó con fuerza en las rateras, se movió con agilidad y mostró una nobleza seria, de la que permite lucimiento, pero exige distancia, temple y criterio. No fue un toro de largo recorrido, pero sí de detalle y presencia constante, manteniendo al público pendiente de cada arrancada y cada gesto. Permaneció unos 15 minutos en las calles, tiempo suficiente para dejar su sello y para que los aficionados disfrutaran de un toro con comportamiento típico de la ganadería, movilidad, seriedad y ese punto de exigencia que tanto se valora en los festejos populares.