Sant Xotxim vive una tarde grande con el toro de Camacho y la embolada de Monteviejo

Autor: torodigital -
La tarde del martes 25 de agosto de 2026 tuvo un nombre propio en la barriada de Sant Xotxim de La Vilavella: Penya San Joaquín, protagonista y responsable de una de las exhibiciones más esperadas del ciclo taurino. Para la ocasión, la peña apostó por un precioso y cuajado toro del hierro de Domínguez Camacho, un ejemplar cuya presencia ya justificaba por sí sola la expectación generada entre los aficionados.

El toro, bien hecho y armónico de hechuras, irrumpió desde los toriles con una salida tan bonita como vibrante, dejando ver desde el primer instante su clase y su poderío. En esos compases iniciales se mostró intenso, atento a todo cuanto ocurría a su alrededor y con una arrancada franca que permitió a los rodadores medir sus virtudes. Tras ese arranque prometedor, el de Camacho pasó a recorrer el recinto con temple, dejando detalles de calidad en cada acometida. Sin embargo, conforme avanzaba la lidia, el astado fue perdiendo algo de fuelle, acusando el esfuerzo inicial y mostrando un punto más de reserva en las arrancadas, que le costaban cada vez más. Aun así, mantuvo siempre la nobleza y la seriedad propias de su hierro. Su imponente presencia, su trapío y la armonía de su estampa cautivaron a los presentes, que no tardaron en reconocer que estaban ante un toro de categoría. De hecho, muchos coincidieron en señalar que se trataba del ejemplar mejor presentado de todos los exhibidos en La Vilavella durante las fiestas de 2026, un auténtico lujo para la afición de la Plana Baixa. La velada en la barriada, tras una tarde protagonizada por la Peña San Joaquín, continuó con el turno de la comisión de fiestas, que tenía preparado un ejemplar de la ganadería Monteviejo, hierro de encaste Vega-Villar muy apreciado por los aficionados. La embolada transcurrió dentro de la normalidad, ejecutada con solvencia por la cuadrilla. Una vez prendido el fuego, el toro salió del pilón con contundencia, demostrando desde el primer instante una bravura seria en los embroques iniciales. Tomó los terrenos con decisión, rematando fuerte en los burladeros y bajando con ímpetu hacia la parte baja del recorrido. En los primeros compases de su lidia mostró buena movilidad y codicia, acudiendo con prontitud a todo lo que se movía y dejando detalles de toro con fondo. Sin embargo, tras varios viajes largos y exigentes, el Monteviejo volvió al punto de partida, donde comenzó a acusar el cansancio. Se recogió más, midiendo los embroques y dificultando cada vez más sacarle una arrancada clara, lo que hizo que su comportamiento fuese yendo a menos conforme avanzaba la lidia.