Autor: torodigital -
Con el aplazamiento de los festejos previstos en la calle Sants de la Pedra, fue finalmente la calle de Sant Roc la encargada de abrir, este lunes 10 de agosto de 2026, el ciclo taurino de La Vilavella. A la hora anunciada se abrió la puerta de toriles para dar salida a un astado gaditano del hierro de Salvador Gavira García, un toro terciado, pero bien presentado, rematado de hechuras y con defensas vistosas que llamaron la atención desde el primer instante. El burel tomó la calle con una salida seria, acudiendo pronto al recortador que lo esperaba en la parte alta del recorrido. Allí mantuvo sus primeros compases de lidia, midiendo terrenos y mostrando un comportamiento atento, aunque sin entregarse por completo. Tras esos minutos iniciales, el toro decidió recorrer el recinto con temple, hasta aquerenciarse en la parte baja de la calle, donde dejó ver sus mejores arrancadas y donde se desarrolló la parte más interesante de su lidia. El ejemplar de Gavira se defendió con nobleza, acudiendo a los cites con prontitud, pero sin emplearse a fondo, manteniendo siempre una querencia marcada que condicionó el transcurso del festejo. Esa tendencia a fijarse en un punto concreto del recorrido complicó notablemente las labores de los rodadores y, especialmente, el momento de proceder al enchiqueramiento, prolongando la tarde más de lo previsto en esta primera jornada taurina.

Con el aplazamiento de los festejos previstos en la calle Sants de la Pedra, fue finalmente la calle de Sant Roc la encargada de abrir, este lunes 10 de agosto de 2026, el ciclo taurino de La Vilavella. A la hora anunciada se abrió la puerta de toriles para dar salida a un astado gaditano del hierro de Salvador Gavira García, un toro terciado, pero bien presentado, rematado de hechuras y con defensas vistosas que llamaron la atención desde el primer instante. El burel tomó la calle con una salida seria, acudiendo pronto al recortador que lo esperaba en la parte alta del recorrido. Allí mantuvo sus primeros compases de lidia, midiendo terrenos y mostrando un comportamiento atento, aunque sin entregarse por completo. Tras esos minutos iniciales, el toro decidió recorrer el recinto con temple, hasta aquerenciarse en la parte baja de la calle, donde dejó ver sus mejores arrancadas y donde se desarrolló la parte más interesante de su lidia. El ejemplar de Gavira se defendió con nobleza, acudiendo a los cites con prontitud, pero sin emplearse a fondo, manteniendo siempre una querencia marcada que condicionó el transcurso del festejo. Esa tendencia a fijarse en un punto concreto del recorrido complicó notablemente las labores de los rodadores y, especialmente, el momento de proceder al enchiqueramiento, prolongando la tarde más de lo previsto en esta primera jornada taurina.