Santa Quiteria suma una tarde de emoción con los astados de Centelles y Albarrán en Almassora

Autor: torodigital -
El miércoles 20 de mayo de 2026, Almassora vivió una nueva jornada taurina dentro de sus tradicionales fiestas en honor a Santa Quiteria. La Plaza Mayor volvió a convertirse en epicentro de la emoción con la salida de “Ratero”, un astado de la ganadería de Sergio Centelles, patrocinado por las peñas El Polp, El Bocao, Gamusinos, La Jerga, La Kliba, Bufa la Gamba, La Kalatra, El Desdén, El Intento, La Stranka, La Trenka, L’Avagelio, El Jolgorio y La Tolka.,

que se presentó con un impecable pelaje negro, serio de expresión y un brío que pronto dejó claro que no estaba dispuesto a regalar nada. Desde su salida, el toro respondió con prontitud a los cites de los recortadores, que supieron entenderlo y lucirse ante un público entregado. “Ratero” tomó las calles con codicia, avanzando con ritmo firme hasta llegar a la plaza de la Picadora, donde ofreció sus mejores embestidas. Allí se mostró fijo, metido en los quiebros y acudiendo con decisión a las rodadas, rematando con fuerza en barrotes cada vez que lo llamaban. Su comportamiento transmitía emoción y respeto. Sin embargo, la tarde dio un giro inesperado cuando, ya de regreso a las calles, en un remate hacia un cite, el toro cayó desplomado, generando un instante de máxima tensión. Por unos segundos se temió lo peor. Afortunadamente, el animal logró recomponerse, aunque visiblemente aturdido y con el pitón derecho tocado tras el golpe. Aun así, mantuvo la casta suficiente para seguir la conducción de los cabestros y ser encerrado sin más incidentes, dejando la sensación de que había querido dar más de lo que su cuerpo le permitió tras la caída. El segundo protagonista de la tarde fue “Pomposo”, perteneciente a la ganadería de Arcadio Albarrán y patrocinado por la peña El Comboi. De salida mostró viveza y un trote alegre, aunque pronto orientó su atención hacia las calles, donde recorrió con energía varios tramos antes de centrarse también en la plaza de la Picadora. Allí se vieron quiebros templados y rodadas de mérito, aunque el astado, más suelto de comportamiento que su antecesor, buscó nuevamente las calles en cuanto tuvo ocasión. Su lidia transcurrió entre arrancadas de interés y momentos de menor fijeza, hasta que finalmente fue conducido al toril, poniendo punto final a una tarde taurina marcada por la diversidad de comportamientos y por la emoción que ambos toros dejaron en la población castellonense.