Dos hierros, dos comportamientos: así fue el lunes taurino en Almazora

Autor: torodigital -
El lunes 18 de mayo de 2026 continuaron en Almazora las fiestas patronales en honor a Santa Quiteria, una jornada marcada por la expectación y el ambiente taurino que caracteriza a la localidad. Para la ocasión estaban reseñados dos astados de distintos hierros, cada uno con un comportamiento muy diferenciado que dio variedad y matices a la tarde.

Desde la plaza de La Picadora saltó al albero el primero de la tarde, un ejemplar de Carmen Valiente que había corrido el encierro del pasado sábado y que llegaba patrocinado por la A.C.T. La Picadora, El Jaleo y El Bureo. “Acomplejado”, de bonita lámina y expresión seria, salió buscando los cadafales y midiendo el terreno desde el primer instante. Acudió pronto al cite del recortador, aunque sin excesiva fijeza, dejando claro que su lidia iba a estar condicionada por sus querencias. Tras marcharse a las calles, regresó con rapidez al punto de partida, donde marcó territorio y se hizo dueño absoluto de la zona. Los intentos por colocarlo para el quiebro resultaron infructuosos: el toro no quería salir de sus terrenos y volvía una y otra vez al mismo lugar, defendiendo su querencia con firmeza. Pocos pudieron aprovechar su arrancada, pero cuando lo hacía, lo hacía de verdad: sabía perfectamente lo que dejaba atrás y acudía con intención. Finalmente, tras una lidia marcada por su carácter y su instinto, salió de sus terrenos para dirigirse a las calles, donde fue conducido por los cabestros para su encierro definitivo. El segundo de la tarde se exhibió desde la plaza Mayor. Se trataba de un astado de San Martín, patrocinado por las peñas Els Penjats, El Barrilet, El Racó, T’empujen, El Gavell, El Corb, Els Clafidors, San Fermín, Amigues del Bou y El Roser. “Caribeño”, cárdeno y muy en el tipo de la casa, salió con fuerza hacia barrotes, donde fue parado y mostró ya su tendencia a hacer hilo hasta el final. El toro tomó las calles con decisión, deteniéndose en la zona de La Picadora, aunque pronto volvió a coger calle para permanecer allí durante toda su lidia. Vigilante, atento y con sentido, controló cada rincón del recinto, buscando siempre el fallo y manteniendo en tensión a los aficionados que seguían su comportamiento. Su movilidad, unida a su capacidad para leer la distancia y medir los terrenos, dejó una lidia interesante y de emoción contenida, muy del gusto del aficionado que aprecia el toro que piensa y se desplaza con intención.