Autor: torodigital -
Este domingo 15 de febrero de 2026 continuaron los actos taurinos del Carnaval del Toro en Ciudad Rodrigo, una jornada marcada por la emoción, la velocidad y el buen juego de los astados de la ganadería de Antonio López Gibaja. La mañana arrancó con el tradicional encierro campero, en el que jinetes y caballos llegaron desde los campos charros conduciendo a los toros hacia la ciudad. La entrada por el vallado resultó espectacular: la manada se partió en dos grupos, avanzando a gran velocidad hacia el casco histórico y tomando la calle Madrid con fuerza. Los jinetes, en dos compases distintos, tuvieron que emplearse a fondo para reconducir a los animales, dejando imágenes de riesgo, emoción y oficio. Algún apuro aislado añadió tensión al recorrido, pero la pericia de los caballistas fue determinante para que todo transcurriera con brillantez. Al finalizar, fueron despedidos con una fuerte ovación por el público, que reconoció su valor y maestría. Acto seguido comenzó la capea matutina, en la que se soltaron tres de los seis toros que habían participado en el encierro. El primero en pisar el albero salió con ímpetu, buscando arriba en tablas y fijándose pronto en los quites de los mozos. Acudió con alegría a todos los cites, permitiendo recortes lucidos y embestidas con ritmo. Dejó algún susto sin consecuencias, pero siempre mantuvo nobleza y movilidad. El segundo ejemplar, hermano de camada, mantuvo la tónica del anterior. También buscó arriba y acudió con prontitud a los recortadores y muletillas que se atrevieron a templarlo. Su lidia fue vibrante y contribuyó a una mañana animada y de buen nivel. El tercero de la mañana bajó el listón. Salió algo despistado, sin querer saber mucho de los mozos y costándole arrancar. Su lidia resultó más discreta y terminó siendo encerrado sin mayor lucimiento. Para completar la mañana, se volvió a sacar al primero, que nuevamente cumplió y dejó detalles de calidad. También reapareció el tercero, que continuó parado y reservón, aunque llegó a pegar un arreón que provocó algún susto antes de que los muletillas lograran arrancarle alguna embestida aislada. La mañana concluyó con el tradicional desencierro, en el que los tres astados lidiados regresaron por las calles hasta los corrales exteriores. Dos toros, acompañados de los cabestros, tomaron la calle Madrid a gran velocidad, mientras que un tercero quedó suelto en la plaza. Este último salió después, generando momentos de máxima tensión al dudar en un punto del recorrido e incluso amagando con volverse atrás. Los mozos, tirando de temple, valor y conocimiento del terreno, lograron finalmente encauzarlo hacia las calles que conducen a los corrales, cerrando así una mañana intensa y muy del gusto del aficionado.

Este domingo 15 de febrero de 2026 continuaron los actos taurinos del Carnaval del Toro en Ciudad Rodrigo, una jornada marcada por la emoción, la velocidad y el buen juego de los astados de la ganadería de Antonio López Gibaja. La mañana arrancó con el tradicional encierro campero, en el que jinetes y caballos llegaron desde los campos charros conduciendo a los toros hacia la ciudad. La entrada por el vallado resultó espectacular: la manada se partió en dos grupos, avanzando a gran velocidad hacia el casco histórico y tomando la calle Madrid con fuerza. Los jinetes, en dos compases distintos, tuvieron que emplearse a fondo para reconducir a los animales, dejando imágenes de riesgo, emoción y oficio. Algún apuro aislado añadió tensión al recorrido, pero la pericia de los caballistas fue determinante para que todo transcurriera con brillantez. Al finalizar, fueron despedidos con una fuerte ovación por el público, que reconoció su valor y maestría. Acto seguido comenzó la capea matutina, en la que se soltaron tres de los seis toros que habían participado en el encierro. El primero en pisar el albero salió con ímpetu, buscando arriba en tablas y fijándose pronto en los quites de los mozos. Acudió con alegría a todos los cites, permitiendo recortes lucidos y embestidas con ritmo. Dejó algún susto sin consecuencias, pero siempre mantuvo nobleza y movilidad. El segundo ejemplar, hermano de camada, mantuvo la tónica del anterior. También buscó arriba y acudió con prontitud a los recortadores y muletillas que se atrevieron a templarlo. Su lidia fue vibrante y contribuyó a una mañana animada y de buen nivel. El tercero de la mañana bajó el listón. Salió algo despistado, sin querer saber mucho de los mozos y costándole arrancar. Su lidia resultó más discreta y terminó siendo encerrado sin mayor lucimiento. Para completar la mañana, se volvió a sacar al primero, que nuevamente cumplió y dejó detalles de calidad. También reapareció el tercero, que continuó parado y reservón, aunque llegó a pegar un arreón que provocó algún susto antes de que los muletillas lograran arrancarle alguna embestida aislada. La mañana concluyó con el tradicional desencierro, en el que los tres astados lidiados regresaron por las calles hasta los corrales exteriores. Dos toros, acompañados de los cabestros, tomaron la calle Madrid a gran velocidad, mientras que un tercero quedó suelto en la plaza. Este último salió después, generando momentos de máxima tensión al dudar en un punto del recorrido e incluso amagando con volverse atrás. Los mozos, tirando de temple, valor y conocimiento del terreno, lograron finalmente encauzarlo hacia las calles que conducen a los corrales, cerrando así una mañana intensa y muy del gusto del aficionado.