Autor: torodigital -
La historia de esta ganadería es, ante todo, la historia de una convicción. Su origen se remonta a 2003, cuando en el sur de Francia comenzó a tomar forma un proyecto que, en aquel momento, parecía casi una aventura íntima: un pequeño lote de vacas, un semental y una afición desbordante por el toro bravo. Aquella semilla, plantada en tierras francesas, pronto reveló su vocación de futuro. La pasión fue creciendo, y con ella la necesidad de buscar un territorio donde el toro pudiera desarrollarse con plenitud. Ese paso decisivo llegó en 2011, cuando la ganadería emprendió su traslado a Andalucía, instalándose primero en Constantina y, más tarde, en Guillena, donde hoy se asienta en la Dehesa El Serrano, un enclave privilegiado del campo sevillano. La elección no fue casual: Sevilla es una tierra donde la crianza del toro bravo forma parte del paisaje cultural, donde los tentaderos son constantes y donde la cercanía entre ganaderías permite contrastar criterios y evolucionar con rigor. Desde entonces, la dehesa se ha convertido en el corazón del proyecto, un espacio donde el toro crece, se templa y se define. Con la llegada a España se tomó una decisión fundamental: depurar la ganadería para construir una identidad sólida. Se conservaron únicamente los lotes procedentes de Daniel Ruiz, Jandilla y Victoriano del Río, eliminando el resto del ganado. Ese mismo año se incorporó una parte del encaste Marqués de Domecq, origen del hierro de Santa Ana, que más tarde, en 2017, quedaría integrado dentro de la casa matriz, Virgen María, unificando criterios y manejo bajo una misma filosofía. La procedencia de estas líneas de sangre marcó desde el principio el tipo de toro que se buscaba: un animal con bravura y motor, con fuerza y transmisión, con duración, nobleza y clase; un toro completo en todos los tercios, capaz de emocionar por su entrega y su forma de embestir. Lo fascinante del proyecto es que, aun persiguiendo un mismo ideal, cada hierro conserva matices propios heredados de sus orígenes, lo que aporta riqueza y personalidad a la ganadería. La divisa blanca y celeste, un guiño a Marsella, lugar donde todo comenzó, recuerda que, aunque hoy la ganadería está plenamente arraigada en Sevilla, su espíritu nació lejos de estas dehesas. Y, sin embargo, es aquí, en Guillena, donde el proyecto alcanzó su madurez. Desde el 20 de marzo de 2010, fecha en la que la ganadería tomó antigüedad, el crecimiento ha sido constante, siempre fiel a una misma idea: criar un toro bravo íntegro, emocionante y con identidad propia.

La historia de esta ganadería es, ante todo, la historia de una convicción. Su origen se remonta a 2003, cuando en el sur de Francia comenzó a tomar forma un proyecto que, en aquel momento, parecía casi una aventura íntima: un pequeño lote de vacas, un semental y una afición desbordante por el toro bravo. Aquella semilla, plantada en tierras francesas, pronto reveló su vocación de futuro. La pasión fue creciendo, y con ella la necesidad de buscar un territorio donde el toro pudiera desarrollarse con plenitud. Ese paso decisivo llegó en 2011, cuando la ganadería emprendió su traslado a Andalucía, instalándose primero en Constantina y, más tarde, en Guillena, donde hoy se asienta en la Dehesa El Serrano, un enclave privilegiado del campo sevillano. La elección no fue casual: Sevilla es una tierra donde la crianza del toro bravo forma parte del paisaje cultural, donde los tentaderos son constantes y donde la cercanía entre ganaderías permite contrastar criterios y evolucionar con rigor. Desde entonces, la dehesa se ha convertido en el corazón del proyecto, un espacio donde el toro crece, se templa y se define. Con la llegada a España se tomó una decisión fundamental: depurar la ganadería para construir una identidad sólida. Se conservaron únicamente los lotes procedentes de Daniel Ruiz, Jandilla y Victoriano del Río, eliminando el resto del ganado. Ese mismo año se incorporó una parte del encaste Marqués de Domecq, origen del hierro de Santa Ana, que más tarde, en 2017, quedaría integrado dentro de la casa matriz, Virgen María, unificando criterios y manejo bajo una misma filosofía. La procedencia de estas líneas de sangre marcó desde el principio el tipo de toro que se buscaba: un animal con bravura y motor, con fuerza y transmisión, con duración, nobleza y clase; un toro completo en todos los tercios, capaz de emocionar por su entrega y su forma de embestir. Lo fascinante del proyecto es que, aun persiguiendo un mismo ideal, cada hierro conserva matices propios heredados de sus orígenes, lo que aporta riqueza y personalidad a la ganadería. La divisa blanca y celeste, un guiño a Marsella, lugar donde todo comenzó, recuerda que, aunque hoy la ganadería está plenamente arraigada en Sevilla, su espíritu nació lejos de estas dehesas. Y, sin embargo, es aquí, en Guillena, donde el proyecto alcanzó su madurez. Desde el 20 de marzo de 2010, fecha en la que la ganadería tomó antigüedad, el crecimiento ha sido constante, siempre fiel a una misma idea: criar un toro bravo íntegro, emocionante y con identidad propia.
Disfruta de la naturaleza en estado puro.
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