SIN SER DE AQUÍ

Autor: Moisés Rodríguez
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7 de Julio, San Fermín.
“A Pamplona hemos de ir, con una bota y un calcetín.”
“Las fiestas de Pamplona dicen que empiezan hoy, pues que trabaje Rita, que a Pamplona voy.”
Muchas son las estrofas, que todos los que hemos estado en San Fermines tenemos metidas en la cabeza y que cuando se aproxima Julio canturreamos sin más.
Nosotros, como muchos, llegamos por carretera con el coche y después de subir la última loma ya se divisa la ciudad, a un par de minutos.
Es el momento mágico, te acercas y la ciudad te absorbe, como si de una enorme esponja se tratase. Aparcamos, ponemos el pie en el suelo, hinchamos nuestros pulmones de aire, suspiramos con fuerza y…ya estamos aquí.
Ya estamos en Pamplona, ya somos parte de la fiesta, te pones el pañuelico y ya somos San Fermineros, ya formamos parte de esa gran comunidad de gente, todos tan distintos y todos tan iguales, dispuestos a todo, a vaciarnos hasta mostrarnos  a nosotros mismos nuestros límites.
Los San Fermines son un cumulo de sensaciones que nos envuelve y atrapa para siempre a todos, en especial a los aficionados taurinos y a los que corremos los encierros, que sin ser, tal vez la gran mayoría, si somos los que más sentimos y amamos esta ciudad, pues para nosotros es, La Catedral, El Templo, La Madre de nuestra afición.
Cualquiera de nosotros que hemos estado en muchas ocasiones, si nos vendasen los ojos y nos dejasen en el centro de la Estafeta, seriamos capaces de reconocer el lugar sin descubrirnos los ojos, el bullicio y el olor son inconfundibles, tanto de día como de noche, tanto si son las once de la noche, como si son las ocho menos cinco de la mañana.
Y nuestro momento, ese momento único e irrepetible, ese recogimiento interior momentos antes de la carrera, ese par de minutos de encierro, esos…diez, quince, veinte segundos, con suerte quizás algo mas o tal vez incluso menos, pero son nuestros irrepetibles, momentos de gloria.
El emocionante encuentro después de la carrera con los compañeros,  el desayuno, las primeras impresiones y comentarios, el almuerzo con su tertulia y el relax posterior.
La comida y su larga sobremesa nos llevan de lleno a la tarde de fiesta. Pacharán, calimocho y charanga nos acompañan hasta la noche, donde llega la hora de elegir, ¿seguimos de fiesta o nos vamos a dormir?
La fusión con la ciudad y su fiesta es total, día y noche, estés donde estés, hagas lo que hagas, su fuerza es tal, que no somos capaces de despegarnos ni un momento de esa magia que nos envuelve y nos atrapa hasta dejarnos extasiados y que nos hace desear todo el año, que vuelva a ser el 7 de Julio.
Y no puedo terminar, por supuesto, sin dar las gracias a toda la gente de Pamplona, que año tras año, nos acoge con los brazos abiertos y nos hace sentir Pamplonicas, sin ser de aquí.
Viva San Fermín, Gora San Fermín.

Moisés Rodríguez Abad.